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sábado, 2 de julio de 2011

Cuando digo Jaén quiero decir Austin


Cuando mejor se pone la cosa, tuve que dejar Málaga. Destino: Jaén. Ganas: Pocas. Y la verdad que tengo motivos para no estar contento. Aquí en Jaén, la justicia es el sol, que se alza día si y día también justo en lo más alto del cielo y desde allí reina.

Nadie en las calles hasta pasadas las siete de la tarde. La gente huye. Las carreteras son como esas largas manchas infernales de alquitrán que no llevan a ningún sitio más típicas de estados sureños de los EE.UU. Los paisajes no son del todo desérticos pero poco les falta. Los cactus aquí son olivos. Cada sombra es un como un oasis y una simple cerveza te da la vida. El calor te golpea tan fuerte que tienes miedo a quemarte incluso con ropa. Cuesta respirar…

Por eso no me extraña que aparezcan grupos como Guadalupe Plata, más propios de lugares como Texas, Arizona o Nuevo México donde hace este mismo tiempo. Sin lugar a dudas, Jaén es la Austin, Phoenix, Tucson o Houston (como prefieran) de este país.





La leyenda dice que Robert Johnson vendió su alma al diablo en el cruce de la actual autopista 61 con la 49 en Clarksdale (Missisipi), a cambio de tocar blues mejor que nadie. Esperó en el cruce de caminos hasta medianoche, con la guitarra en la mano, hasta que el diablo se la devolvió, y las manos de Robert solo tenían que deslizarse por el mástil para interpretar el mejor blues de la historia. Pues bien, no se si los “Guadalupe” también vendieron su alma al diablo del soul en algún cruce Baeza-Úbeda de la A-316. Lo que si se es que suenan sucio, arenosos, suenan a Howling Wolf, Hound Dog Taylor y al mismísimo Robert Johnson.

Y como muchos piensan, no es que sean el típico grupo que por innovar cogen este genero e intentan renovarlo como hicieran Jack White y los suyos con bandas como White Stripes (extinta) y The Raconteurs.

Sinceramente, no creo que haya mucha diferencia de ir conduciendo un Cadillac por la ruta 66 atravesando el desierto de Arizona con música de John Lee Hooker a conducir un Seat Panda por la “Loma de Jaén” escuchando a Guadalupe Plata.

PD: Una vez cuando hablamos con Perico de Dios nos recomendó un disco de la Canned Heat junto con John Lee Hooker llamado “Hooker’N Heat”. Yo ahora lo recomiendo a vosotros. DISCAZO.

lunes, 25 de enero de 2010

Humilde homenaje a Miguel Hernandez.




Hoy vuelvo a escribir en mi blog. Un blog ya olvidado y un poco obsoleto. Intentaré reavivarlo sea como sea. Prometo que voy a poner de mi parte.

Como ya dije en mi primera entrada: no quiero que este sea un blog como otro cualquiera por eso puede que me cueste escribir tan a menudo, al no encontrar un tema que realmente merezca la pena.

Hace ya días que entró el 2010, año en el que se cumplen los cien años del nacimiento de Miguel Hernández. Y es por eso por lo que vuelvo por aquí, puesto que, para mí, ha sido uno de los poetas (sino el que más) que me han influenciado desde pequeño.
Tiene mucho que ver un profesor mío de 6 de EGB.

Don Joaquín siempre nos “obligaba” a aprendernos una poesía cada semana. Recuerdo que a nadie le gustaba, puesto que, obviamente, era visto como una tarea más. Yo mismo, en esa época, tenía a esa actividad por una perdida de tiempo. Ha pasado mucho tiempo hasta darme cuenta el gran valor de esas clases de Literatura improvisada, por donde han pasado grandes poetas como Salvador Rueda, los hermanos Machado, Espronceda, Alberti, Lorca y el mencionado literato, Miguel Hernández.

El poema que leímos era Vientos del Pueblo, publicado en El Mono Azul, 22 de octubre de 1936, influenciado por el heroísmo del pueblo castellano en la guerra civil. Sería en el 36 cuando se entrega como poeta y miliciano a la legítima causa republicana. Vientos del Pueblo es un canto a la libertad de un pueblo, el español, en su lucha contra la injusticia fascista. Así, el poeta va ensalzando cada una de las virtudes de las regiones de nuestro país para que no caigan en las garras y no permita el yugo de su opresor.

Por otro lado, está el poema Aceituneros, escrito cuando es enviado al frente de Jaén con su mujer (Josefina Manresa) natural de Quesada (Jaén) pero criada en Orihuela. Al parecer Miguel escribió el poema al ver la despreocupación de los jiennenses ante la Guerra Civil. Con el paso del tiempo, Aceituneros se ha convertido en casi un himno para todo Jaén, donde Hernández, mediante inteligentes versos de buena catequesis revolucionaria plasma su visión integradora de la tierra y el hombre en armonía del universo.

Podría hablar también sobre su poema Nanas de la cebolla dedicado a su hijo, cuando recibió una carta de su mujer, en la que le decía que comía solo pan y cebolla, pero eso sería (en términos de Marcos García) “arramparme mucho”.