martes, 7 de mayo de 2013

Los Planetas y el fútbol (II)




¿Por dónde íbamos? Ah, sí. A Los Planetas les gusta el fútbol. El fútbol, las mujeres, la  fiesta y sus consecuencias. Pero, a ver, está gente es del Barça, sí. Pero son de Granada. ¿Qué pasa con el Granada C.F? Los Planetas siempre fueron muy hinchas del equipo de su tierra. O al menos Jota. Supongo que con la llegada del equipo a la Primera División del fútbol español el sentimiento haya aumentado. Normal y comprensible. Como ya mencioné en la primera parte de este artículo, Jota tiene un proyecto musical paralelo con Manuel Ferrón, el cual ya había colaborado con Los Planetas como letrista, Víctor Lapido (ex 091 y actualmente en Lagartija Nick), el batería Antonio Lomas y el bajista Miguel López (Lori Meyers): Grupo de Expertos Solynieve. Sin embargo, las primeras maquetas que grabaron se editaron con el nombre de “Montero Castillo-Aguirre Suarez”, dos míticos centrales del Granada C.F en sus años por la primera división allá por los años 70. De hecho, cuando Jota y Manu actúan en solitario se hacen llamar así: “Montero Castillo - Aguirre Suarez”. Por cierto, por si alguien se lo ha preguntado: sí, Montero Castillo es el padre de Paolo Montero, exdefensa de la Juventus.


Esos dos centrales junto con Fernández, Falito, Jaén o Castellanos formaban un equipo temible. Nadie, en la década de los 70, quería jugar en Los Cármenes. Para que os hagáis una idea, llegaron a llamarles “Los carniceros”. Por ejemplo, Fernández, que es el jugador del Granada con más partidos en Primera División no pasará a la historia solo por esto. En un Granada – Real Madrid le metió un brutal plantillazo en el muslo al mítico Amancio Amaro. Al  gallego dieron 150 puntos. Fernández fue sancionado con 15 partidos. Así se las gastaban.

“De pie, de izquierda a derecha: Izcoa, Toni, Fernández, Falito, Jaén y Montero Castillo. Agachados: Porta, Chirri, Quiles, Santi y Dueñas”. Foto: AS
 Estos futbolistas no se consideraban violentos, solo defendían sus intereses. No se quedaban de brazos cruzados ante el delantero. “¡No nos comíamos a los niños!”, rezaba un titular de El País sacado de una entrevista a Fernández. Lo cierto es que ese fútbol agresivo, que no violento, se pierde poco a poco. Ahora está mal visto. Futbolistas como Albelda, Marchena, Ballesteros o Pepe, considerados muy “belicosos” en otro tiempo no llamarían la atención por esta faceta. Sí amigos. Yo también mantengo el lema: “Odio eterno al fútbol moderno”. Pero eso es otro tema.

No hace mucho, y gracias al programa “El día después”, de Canal +, pudimos ver unreportaje de Jota y el bajista Julián Méndez (“Shecopolaco”, para los amigos”) visitando los lugares más míticos del “granadinismo” antes de visitar el Nuevo Campo de Los Cármenes para ver un Granada C.F – Atlético de Madrid. En el estadio se uno el ya mencionado Manuel Ferrón que tampoco se quiere perder el partido. El resultado no fue el que ellos desearon pero parece que se lo pasaron bien.

Vuelvo otra vez al libro de Nando Cruz sobre la creación del disco “Una semana en el motor de un autobús”. El periodista cuenta que Florent, que no solo era miembro del grupo sino también uno de los mejores amigos de Jota, estaba la mayor parte del tiempo aislado, solo, visitando polígonos en busca de, bueno, ya os podéis imaginar. De hecho, la mayoría de canciones de ese disco (“Segundo premio”, “Desaparecer”, “Linea 1” etc.) hablan de él. Jota las escribió pensando en su amigo. El caso es que unos años antes de la publicación de ese disco Los Planetas sacaron en 1996 el single “David y Claudia”. La cara B de este vinilo fue “La verdadera historia”. Aquí se cuenta una realidad paralela donde, el guitarrista, sin vicios, vive una vida monótona, tranquila y en paz. Ve la tele con su mujer, practica bricolaje y ¡escucha en la radio a Ramón Trecet!



Florent dejó
la droga en el 92.
Aunque al principio le costó,
ahora piensa que es mejor.

Y piensa que
hay tantas cosas por hacer.
Está sentado ante la tele con su mujer. […]

Ahora me divierto mucho más
en el bricolaje del hogar
y piensa que […]
hay tantas cosas por hacer.
Mientras escucha por la radio a Ramón Trecet.

El periodista deportivo, Ramón Trecet, por aquel entonces tenía un programa en Radio 3 que duraría hasta 2008. Esta es la tranquilidad para Los Planetas. El vasco, un todoterreno de la información deportiva, antes tenía su propio programa musical. “Periodistas deportivos amantes de la música”, parece que tengo nuevo tema para escribir.

Desde el disco “La leyenda del espacio” (2007) Los Planetas viraron su dirección musical. Se apropiaron del romancero / cancionero popular andaluz y lo hicieron suyo de la mejor forma. Hay quien reniega de estos Planetas más “flamencos” y hay quien se adaptó a ellos. Lo que está claro es que si siguen por esa senda es muy probable que no vuelvan a hacer ningún guiño al fútbol en las letras de sus canciones. En cualquier caso seguirán siendo el grupo más importante del pop español de los últimos 20 años.






domingo, 28 de abril de 2013

Los Planetas y el fútbol (I)




Hablar de Los Planetas es hablar de uno de los grupos más importantes de la historia del pop de este país. Los granadinos con sus ocho discos de estudio (sin contar recopilatorios o EP's) llevan dando guerra desde el 94 cuando editaron "Super 8". La banda está compuesta por Jota, Florent, Eric, Banin y Julián. Todos ellos tienen proyectos al margen de Los Planetas.

- Jota compone, canta y toca la guitarra para Grupo de Expertos Solynieve. Además, con Florent y Eric también forma parte de Los Evangelistas (banda que rinde homenaje al cantaor flamenco Enrique Morente).
- Eric también toca la batería en Lagartija Nick y solía hacerlo para Napoleón Solo.
- Julián fue bajista del también grupo granadino Lori Meyers. Forma parte de Los Invisibles y suele actuar en solitario bajo el nombre de Checopolaco y su Ukelele.
- Banin y Florent actúan bajo el nombre de Los Pilotos, grupo de música electrónica.
¿He mencionado muchas bandas? Qué va. Solo una pequeña parte de la gran escena musical granadina.




Los Planetas no escapan a la fiebre del fútbol y en sus letras siempre hay espacio para este deporte. Su canción más reconocida "Un buen día", de su disco "Unidad de desplazamiento" (2000), dice cosas como:

He bajado al bar para desayunar
y he leído en el Marca
que se ha lesionado el niñato.
Y no me he acordado de ti
hasta pasado un buen rato.

"El niñato", así se refiere Jota para hablar de Raúl González Blanco. Como veréis. Jota no es muy merengue. Continúan los guiños futbolísticos en la canción:

He puesto la tele y había un partido
y Mendieta ha marcado un gol
realmente increíble.
Y me he puesto triste
el momento justo antes de irme.

Qué bueno era Gaizka Mendieta. Por aquel entonces él militaba en las filas del Valencia CF donde ganó una Copa del Rey, una Supercopa de España y jugó dos finales (consecutivas) de la Champions League: la primera en 2000 frente al Real Madrid y Bayern de Múnich, en 2001. El bilbaíno es, incluso, amigo de Los Planetas. Juntos saltaron al Camp Nou en una entrevista para la publicación musical Rockdelux. Personaje peculiar este vasco sobre el cual dedicaré una entrada el blog. Pero eso será más adelante.

Casi con toda seguridad Los Planetas se referían al gol que Mendieta marcó al FC Barcelona. Córner que saca "La Cobra" Ilie hacia la frontal del área donde espera el centrocampista para empalmarla. La pelota va a parar a la red culé no sin antes quitar las telarañas de la portería de Hesp quien no puede hacer nada por evitar el gol. EL GOL.

Como ya dije, Jota es culé. No hace tanto tiempo ser simpatizante del Barça no era tan fácil como lo es ahora. Pues antes no siempre ganaba La Liga y mucho menos se plantaba en semifinales de Champions fácilmente. Esto se ve reflejado en la canción "El artista madridista" del disco "Encuentro con entidades" (2002). En ella, el granadino critica el supuesto trato de favor de los árbitros con el equipo de Santiago Bernabeu.




Me explicó con detalle la situación,
acento argentino, oro en el reloj.
"En cuanto llegues al área te vas a dejar caer",
que controlo el hemisferio norte, ya lo ves.
Me llevó de la mano a su habitación,
viaje iniciático en el ascensor.
Confié en sus palabras, le entregué mi corazón,
y todo lo que tenía se lo llevó.
Porque ya está aquí el artista madridista,
que los árbitros le pitan casi siempre a favor.
Cazadores blancos con corazones negros,
deberías apostar por el caballo ganador.

Estaría bien preguntar a Jota cual es su opinión actual sobre los arbitrajes de La Liga, Uefa, Villaratos y demás. El caso es que si por algo se definen las canciones de este grupo es por el componente amoroso. En sus letras abundan las rupturas. Rupturas duras, difíciles y complicadas. De las que no dejan dormir. De las que dejan huella. Además, rupturas donde siempre (o casi siempre) la culpa es de la otra persona. ¿Canciones egoístas? Bueno, puede. Pero cuando lo acabas de dejar con tu pareja uno no suele ser muy comprensible. No es el momento para entonar el "mea culpa". Y que quiero que sepas / que ha sido un infierno / estando contigo / el infierno es lo más parecido / te pareces un poco a Satán. Estas "lindezas" canta el granaíno refiriéndose a una ex (?) en la canción "Pesadilla en el parque de atracciones" del mismo disco. "El artista madridista" se puede interpretar de modo parecido a otras canciones de temática amorosa. Pues es victimista y un tanto infantil e inmadura. Los Planetas no podrían haber hecho otra canción de fútbol que no fuera algo como esta.




Con el disco "Un semana en el motor de un autobús" (1998) la banda se asentó definitivamente en el panorama musical español. El CD empieza con una de sus canciones más representativas, "Segundo premio" (el nombre lo dice todo), y finaliza con su antítesis "La copa de Europa". En el libro de nombre homónimo al disco que escribió el periodista musical Nando Cruz cuenta que la banda estaba en un momento complicado y no solo musicalmente. En 1998, Jota se lo había pasado bien haciendo "Super 8" y "Pop", pero ahora buscaba algo nuevo. Quería explorar. Buscar otras metas. Ir más allá. En una palabra: experimentar. Camino difícil. Con este disco se la jugaron al "Todo o nada". "Una semana en el motor de un autobús" fue un éxito rotundo, un puñetazo en la mesa. "La copa de Europa" es el perfecto final de este disco. Jota durante las once canciones anteriores se ha lamentado por sus complicadas relaciones (tanto amorosas como los "coqueteos" con la droga) y con este último track el cantante (se) propone un cambio. Una salida hacia delante. Un nuevo resurgir, el nacimiento o, mejor dicho, el renacimiento.



Jota cuenta que cuando escribió "La copa de Europa" pensaba en el gol que marcó Koeman contra la Sampdoria que supuso la primera "orejona" para el conjunto español. Y es que, visto desde cierto punto, el trofeo que levantó Bakero significó para el Barça un "nuevo nacimiento" en el fútbol europeo, si bien hasta entonces no era un equipo con demasiada importancia a nivel continental.

Cuánto tiempo he perdido ahí afuera,
cuanto por descubrir en mi cabeza.
Es tan vasto
que da casi pereza.
Casi pienso que no tengo fuerzas
para hacerlo
y encontrar dentro de mí
algo nuevo.

El disco comienza con esa medalla de plata, la que más se odia, pues no hay nada peor que ser el segundo. Y ser "la segunda opción" de alguien, ya ni te cuento. Finalmente, el CD termina con el máximo premio que una persona puede lograr: ganar la Copa de Europa o, por otra parte, darte cuenta de tus errores, perdonarse uno mismo y coger fuerzas para seguir adelante.

sábado, 13 de abril de 2013

Perfecta comunión

Liam Gallagher dándolo todo en uno de los banquillos del Etihad Stadium



Gran Bretaña, cuna del fútbol. Ellos lo inventaron. Seis equipos (cinco ingleses y uno escocés) han conseguido alzar el trofeo que denomina como los mejores del continente europeo. Véase el Liverpool con cinco, Manchester United con tres, Nottigham Forest con dos, Aston Villa y Chelsea con una al igual que sus vecinos del norte, los escoceses del Celtic de Glasgow. A la hora de hablar de selecciones la cosa cambia. Escocia, Gales e Irlanda del Norte a duras penas logran clasificarse de vez en cuando para un campeonato. Por otro lado, el combinado inglés no es que esté pasando por uno de sus mejores momentos. Estos últimos ni siquiera han ganado una Eurocopa (solo en dos ocasiones lograron ser el tercer mejor equipo del torneo).  Eso sí, fueron campeones del mundo en el 66, en una final contra Alemania federal donde los ingleses se impusieron 4 – 2. No faltó la polémica, pues a día de hoy no se sabe con certeza si el tercer gol de los británicos (el 3-2) debió subir al marcador.

Pero hay algo en lo que la gente de las islas de la Reina Isabel II gana al resto de países. Bueno, más que ganar, golea. Da un baño. Nadie como ellos liga a la perfección música y fútbol. Campos como Anfield Road (con la mítica grada The Kop) o Goodison Park, en Liverpool; Old Trafford o el viejo Main Road (antiguo campo del City), en Manchester o el Celtic Park en Glasgow son famosos por no parar de cantar antes, durante y después del partido (sea cual sea el resultado). Siendo sinceros, un estadio entero cantando el “You’ll never walk alone” no gana un partido, pero crea un vínculo grada-jugadores idóneo. Es lo que pasa en el campo del Liverpool o en el del Celtic.

Centremos ahora en la ciudad de Manchester una ciudad donde eres “red” o “blue” (igual que en Liverpool). Podríamos escribir aquí una lista interminable de las grandes bandas que han salido de esta ciudad. The Stone Roses, Joy Division, Oasis, The Smiths, por decir algunas. Obviamente esta gente no es ajena al fútbol por eso Ian Brown (Stone Roses) o Morrissey (The Smiths) se decantan por el ManU, mientras que los hermanos Gallagher son fervientes seguidores del City como lo era el fallecido Ian Curtis (Joy Division).

La devoción de estos músicos por sus clubs (y viceversa) es enorme. Liam Gallagher, por ejemplo, con su nueva banda, Beady Eye, no dudo en ponerse la camiseta celeste y cantar el himno de su equipo para un spot de una conocida marca de ropa. La reciprocidad equipo-música es más que patente cuando la afición del United toma prestada una canción de The Stone Roses (“This is the one”) para hacerla himno y cantarla antes de los partidos.



Cantar el himno del equipo de toda tu vida. Que la grada haga himno de fútbol una de tus canciones. ¡Qué honor!

Como anécdota, recuerdo la jornada del sábado del Festival Internacional de Benicassim del pasado verano. Noel Gallagher, la mitad de Oasis, tocaba con su nueva banda en el escenario Maravillas. Acto seguido haría lo propio The Stone Roses. Este festival musical es conocido por la gran presencia de público inglés. Entre los asistentes a los conciertos se encontraban miles de personas, muchos de ellos con la elástica celeste del City mientras que otros tantos lo hicieron con la roja del United. Esto ya no se trataba solo de música. Se convirtió en un duelo futbolístico-musical. No se oyó el “Blue moon”, sí que lo hizo y con fuerza el “This is the one”.

Manchester United vs Manchester City, un duelo más que futbolístico. Ambas hinchadas consiguen a través de la música una conexión magistral para animar a sus equipos y crear el mejor ambiente para un partido. Música y fútbol inglés: la perfecta comunión.



martes, 12 de marzo de 2013

Fantasmas


And now the say we'll never forget what he learned
As we were mean to him but he never burned
Just singing, "Love lives forever!"
Thank you, Casper the Friendly Ghost
Thank you, Casper the Friendly Ghost
Casper the Friendly Ghost - Daniel Johnston


Siempre que viajo por Europa en tren, coche o autobús no dejo de fijarme en las grandes planicies que descubro tras los cristales. Suelo pensar que en muchos de los campos que observo se han librado salvajes combates y guerras, acontecimientos con carácter de piedra Rossetta base para entender el sino de este continente. 

Ambrosio Espínola y su Tercio arrasando Flandes, Napoleón derrotado en Waterloo, el general George Patton salvando el pellejo al ejército estadounidense en la batalla de las Ardenas o un joven teniente llamado Charles de Gaulle de tan solo 24 años herido en su bautismo de sangre. Esto y muchos más se me antoja cada vez que miro más allá del margen de las carreteras (o raíles) de los Paises Bajos, Francia, Bélgica, Alemania o Polonia por las que he pasado. Me figuro que aún hay fantasmas con demacrado uniforme militar vagando, condenados a permanecer allí donde se dejaron la vida, esperando saldar su cuenta pendiente con "El Kaiser", "Hitler" o vaya usted a saber. Cómo si viviesen en una realidad paralela transparente aunque a ratos opaca.

En cierto sentido, algo parecido nos pasa a los "vivos". 
Puede que en la habitación número 19 de la residencia universitaria donde pasé un año todavía quede algo de mi. Allí aún sigo teniendo los primeros encuentros con el género femenino
Puede que en mi piso de estudiante mi fantasma y los de mis dos compañeros aún estén bebiendo cerveza hasta las 5 de la mañana mientras solucionan el mundo e intentan (sin mucho éxito) descifrar el código secreto para llegar a comprender a las mujeres.
Puede que en otra realidad yo siga viviendo en aquella pequeña ciudad capital de la provincia de Limburg.

Es como una puta división del alma. Pequeños trozos. Pequeños trozos muertos. ¡Qué digo! Diminutos fragmentos no-muertos (construidos con el mismo material que los zombies de la peli de George Romero). Fantamas, al fin y al cabo, que se quedan de por vida atrapados en lugares (o lo que es peor: en personas(!)) donde fuiste feliz, las pasaste canutas o simplemente malgastaste tu tiempo. Mientras tanto esa puta, a la que llaman vida, continúa con su trabajo, cobrando por cada servicio en cada esquina, en cada polígono.


Bien, no sé donde iré ahora / y realmente no me importa quien me siga / pero quemaré cada puente que cruce / y encontraré un buen lugar para perderme.






viernes, 21 de diciembre de 2012

Concierto The Black Keys - Düsseldorf - 05/12/12


Concierto: The Black Keys
 Día: 5 – 12 – 2012
Lugar: Mitsubishi Electric Halle
Público: Casi lleno


El coito interruptus de Dan y Patrick


Pasan algunos minutos de las doce del mediodía. En Düsseldorf, una de las ciudades más rica de Westfalia (sí, donde se firmó la Paz de la Guerra de los Treinta años), ergo de Alemania, hace frío. Mucho. Y claro, el que el Rhin la cruce no ayuda nada. Con la humedad los 0 grados calan los huesos. La explanada del Mitsubishi Electric Halle estaría desierta de no ser por dos chicas ataviadas con merchandising de la banda de Akron que, a falta de casi ocho horas para que empiece el concierto, ya están haciendo cola.  



Cualquiera podría pensar que se ha confundido de lugar, que esta noche no toca ninguna banda de rock sino un grupo de adolescentes rompecorazones.  Sí, de los que enamoraran a niñas con acné. Hete aquí la primera gran prueba del cambio (no solo musical) de los chicos de Ohio. “Brothers”, fue un gran disco pero rompía por completo con lo escuchado de ellos. Para empezar ya no eran Dan Auerbach y Patrick Carney. Ahora incorporaban a nuevos miembros (bajo y teclista).  Dijeron adiós a su amado garaje. Dieron la bienvenida a los sonidos más pop. El resultado: éxito masivo y una pila de discos vendidos. “El Camino” fue esperadísimo. No defraudó pese a ser más de lo mismo, incluso algo más relajado y facilón. “Gold on the ceiling” y la todopoderosa “Lonely boy” eran su carta de presentación de este nuevo disco. Buenas canciones que poco tenían que ver con “melocotanazos” de la talla de “Thickfreakness”, “Psychotic girl” o “Your touch”, por citar algunos temas de su etapa primitiva. Además, para colmo, Auerbach se había afeitado sus barbas de mendigo. Más claro el agua. Si tenemos todo esto en cuenta no resultará tan raro el hecho de que ahora tengan “fans” que acampan delante de la sala horas antes de que actúen.

Black Keys comenzaron apostando por dos de sus hits de su penúltimo álbum,  “Howlin’ for you” y “Next girl”. Salta un pequeño resorte dentro de cada espectador. ¿Por qué suenan tan plano? ¿Están intentando reproducir sus canciones como si de un CD se tratase?  De todos modos al público le pasa algo. No se mueven. Están petrificados. ¿Dan los hipnotiza? Solo se limitan a aplaudir al final de cada canción. Suena “Run right back”. Ahora sí, Patrick Carney  y Dan Auberbach, uno con la batería y el otro con la guitarra, en ocasiones, sucia, hacen las veces de Prometeo y Zeus; de titanes. Mientras el primero, a golpe de baquetas, modela al público germano cual estatuillas de barro, el segundo, con sus punteos, influye vida a cada uno de los asistentes. El Mitsubishi Electric Halle empieza a moverse, a bailar o hacer como que baila. “Dead and Gone” trae consigo los primeros “oooh-oooh-na-na-nas” casi generalizados en el local germano (por cierto, con muy buena acústica).

Tras un descafeinado “Gold on the ceiling”, bajista y teclista abandonan el escenario y los dos de Ohio se quedan solos. Es hora de sacar la artillería pesada. Vuelven a ser dos. Como siempre.  Se empieza a diseccionar aquí los discos previos antes de que coquetearan con el mainstream. “Thickfreakness “, “Girl Is on My Mind” y “Your Touch” son llevadas a la práctica con perfección. Con un Dan gustándose y haciendo gustar a los demás. Sin duda, un virtuoso de la Fender Telecaster.





Pero no nos engañemos, esta banda ha venido aquí a tocar en su gran medida canciones de sus dos últimos discos. Se viene “Little Black Submarines”. Buena canción con muchas reminiscencias de esa etapa que, parece, quieren cerrar. Tímidos coros por parte de la gente que en algunos momentos actúa como si estuviesen allí por obligación.

Poco a poco se va despiezando “El Camino”: “Money Maker”, “Sister”, “Nova Baby”. Todas ellas poco perfiladas. Apenas tocadas con esmero. Como si fuese un trámite hasta llegar al momento en el que tocar las canciones con las que realmente muestran lo que son/eran: una banda de blues-rock. Pasa con “Ten cent pistols” lo contrario. Usan aquí un órgano que da sentido a las nuevas incorporaciones de la banda, pero ya es tarde. El Mitsubishi Electric Halle está lleno de “Kimis Raikonen”. Poco o nada pueden hacer los Black Keys para descongelar a tan grandes carámbanos de hielo.

Antes de que hiciesen el bis, Tighten up y Lonely Boy. A algunos descerebrados les da por saltar (!!!!!). Estas dos canciones arrollan. En directo menos. Puede que en un local más pequeño todo fuese distinto. O lo mismo son ellos. El caso es que en la segunda canción parecían que se iban a parar ya irse del escenario en cualquier momento. Velocidad mínima. Poca rabia. Por no decir poca garra, inexistente en el concierto. Todo lo contrario al garaje. Se confirma la metamorfosis de este grupo. El mismo que no hace mucho versionase a The Sonics.

Se despiden con el excelente falsete en “Everlasting Light” y “I got mine”. Esta última, de su disco “Attack and Release”, resultó ser la mejor canción llevada a cabo en todo el concierto. “I was a movin' man in my younger days but I gone out of my ramblin' ways I left that road so far behind”. Pues sí, eso ha sido. Dejaron la carretera muy atrás. Ahí está el problema.




Fotos:  "WA.de" y "General Alzeiger"

martes, 28 de agosto de 2012

La muerte de un clásico



Dijo hace poco Julio Iglesias en un diario de tirada nacional que su canción "La vida sigue igual” fue la primera canción pop española. Esto es obviamente falso pues, ¿donde quedarían entonces Los Brincos, el Dúo Dinámico o Augusto Algueró? Los Mustang, Los Sírex, Bruno Lomas, Los Bravos, Formula V, Los Pekenikes y un sinfín de grupos de finales de los 50 y principios de los años 60 empezaron a hacer pop influenciados por los sonidos rockeros que llegaban de los EE.UU o la “Ola inglesa”. Así nació un fenómeno conocido como “La canción del verano”: con estribillo fácil de aprender, con baile sencillo y melodía (muy) pegadiza.


Muchos creen que fue “Cuando calienta el sol” (1962) de los Hermanos Rigual la primera en obtener este título. Del 60 y del 61, respectivamente, son “Quince años tiene mi amor” y “Quisiera ser” del Duo Dinámico. De la misma época es Luis Aguilé, una verdadera máquina de dar con la melodía adecuada que requiere este género. Suyas son “La Chatunga”, “Juanita Banana”, “El tío Calambres”, “La banda está borracha”, “El sol español”, “Con amor o sin amor”, o “Es una lata el trabajar”. Pero no todo fue patrio y nacional. En el verano del 57 se oyó, y mucho, la famosa “Diana” de Paul Anka o la versión castellana de “Be my baby” de The Ronettes cantada por unas jóvenes de Madagascar llamadas Les Surfs en 1964. 


El verano del 65 lo ocupó en gran parte canciones como La Yenka o La chica yeyé. Los Brincos, si el año anterior habían triunfado con “Flamenco”, ahora lo hacía con “Borracho” mientras que Los Sírex hacían lo mismo con “Si yo tuviera una escoba”.


"Contrabando" de Los Brincos, disco clave para la música española 


Esta es la historia de la desaparición/desprestigio de un género que está ligado a los comienzos de este país con la música popular de masas. Con el paso del tiempo llegaron los Rafaella Carrá, Georgie Dann y King África de turno, y, lo que es peor, el reggaeton, para devaluar esta canción un poco más. O si no que alguien explique qué es “El Tacatá”.

martes, 17 de julio de 2012

Crónica FIB: Viernes y Sábado



Antes de ir a un festival de música tan multitudinario como el FIB tienes que tener dos cosas claras: 1.- Por mucho que te empeñes no vas a dormir nada en la zona del camping y 2.- Es imposible poder ver a todos los grupos. Con estas premisas asumidas de antemano toca disfrutar de los conciertos. Sobre el cartel que presentaba este año el Festival Internacional de Benicassim se ha dicho de todo. Opiniones a parte, nadie puede discutir el mérito de la organización de haber logrado juntar en un mismo cartel a gente como Bob Dylan, a los recién reunidos Stone Roses o a Noel Gallagher’s High Flying Birds (ex Oasis, ahora en solitario con su nueva banda).


Si esta cita con la música, que cumple la mayoría de edad, se ha caracterizado en los últimos años por lo ecléctico de sus artistas invitados, la edición 2012 se lleva la palma. Y es que bandas tan dispares entre ellas como At the Drive In, De la Soul, The Horrors, Bob Dylan, The Maccabees, Noel Gallagher, Stone Roses, New Order, David Guetta fueron los cabeza de cartel en sus respectivos días. Esta crónica se centrará en los días viernes y sábado.
Es normal que ante la espera de que aparezca tu grupo favorito en el escenario puedas estar nervioso o ansioso. Pero nada que ver cuando sabes que en unos momentos una leyenda viva como Bob Dylan va a aparecer ante ti y otras 40.000 personas más. Ataviado con atuendo de vaquero elegante, a eso de las diez menos cuarto salía Robert Allen Zimmerman para colocarse directamente en el teclado, su lugar durante gran parte del concierto. Cómo viene haciendo desde hace un tiempo arrancó con “Leopard Skin Pill Box hat” de las pocas canciones de su Blonde on Blonde que pudo escuchar el público. Si habías buceado en Internet podías haberte dado cuenta de que en casi todos sus conciertos anteriores el maestro toca más o menos las mismas canciones con algunas variantes. Esto no sucedió el pasado viernes en Benicassim.
Existen ciertas personas en el mundo que nada más nacer se les otorga el don de la chulería, que vienen con unas Rayban Wayfarer debajo del brazo en lugar de un pan. El de Minnesotta es una de esos que no pueden seguir las normas. Y no por pura pose sino por naturaleza, lo lleva implícito en su persona. Por ley puede hacer lo que quiera. Se le está permitido. No toca una canción del mismo modo desde hace bastantes años. Y es que Dylan no canta, narra las canciones. Por tanto, quien esperaba escuchar clásicos como Hurricane, Blowin’ in the wind o All along the watchtower tuvieron que conformarse solo con Like a rolling stone, el único “himno” que tocó. Más de hora y media de concierto donde hizo bailar a ritmo de blues a toda la gente que se congregó en la explanada del Escenario Maravillas.




Qué faena la de los jóvenes Django Django el coincidir el inicio de su concierto con el final del espectáculo de Bob Dylan. Por eso al principio en el escenario FibClub no había mucha gente. Poco a poco se fue animando la cosa. Su soltura en la puesta en escena asombra. Parece que lleven una vida tocando. ¡Qué descaro! Su primer y único disco suena aún más hipnótico en directo. El coro de voces de los escoceses, el bajo y los ritmos de la batería hechizan y hacen que no pares de moverte.




La mayoría de personas que deciden ir a un festival lo hacen para ver a los grupos que previamente conocen. Pero antes esto no era así. Cuando alguien iba a un concierto no siempre había escuchado al grupo pues no existía esa herramienta llamada internet. Simplemente veía el espectáculo y si le gustaba compraría el disco. Descubrir nuevas bandas es una de las mejores funciones de un festival. La gente que no conociese a The Maccabees quedaría gratamente sorprendida. Su último disco Given to the wild tiene ese tipo de canción que tocada en directo suena aún más épico que si lo escuchas en tu mp3. Muchas guitarras tocadas de un modo impecable que no defraudaron a un público extranjero en su mayoría (la tónica del FIB, pues en torno al 75% de los asistentes provenía del Reino Unido o Irlanda).
La nota electrónica de la jornada del viernes la pusieron por un lado Chase & Status en el Escenario Maravillas y por otro Katy B. Guapa y con estilo. La británica mezcla a la perfección dance, dubstep y drum and bass. El final de su show fue de lo mejor del día con una versión de “Sweet Dreams” y las geniales “Katy On A Mission” y “Lights On”, que dejaron a la audiencia contenta como colofón final. Pero para dubstep y drum and bass el que propusieron sus compatriotas Chase & Status pese a que en algunos momentos parecían que simplemente se limitaban a pinchar su disco “No more idols”
La jornada del sábado tenía dos nombres propios como gran atractivo: Noel Gallagher y su nueva banda y el esperado regreso de los Stone Roses. Pero antes en el apartado de ¿viejas glorias? que el festival acostumbra a traer les tocaba el turno a unos Buzzcocks que demostraron que encima de escenario son más jóvenes que cualquier grupo de adolescentes recien salidos del “high school”. Su “Ever fallen in love (with someone you shouldn’t’ve) fue coreado tanto por padres como por hijos demostrando una vez más que la música traspasa generaciones.
En el concierto de Noel Gallagher’s High Flying Birds no cabía un alfiler. El público, muchos de ellos ataviados con la elástica del Manchester City (club al que ex Oasis profesa amor infinito), no podía estar más entregado a la causa. Si las canciones de su hermano Liam en su también nueva banda, Beady Eye, no llegarían a ser ni caras b en un disco de Oasis, las canciones de Noel podrían ser perfectamente singles de la desaparecida banda. If a had a band gun, Dream On o The death of you and me lo avalan. Noel como casi siempre se mantuvo distante con el público, solo se limitó a decir tres o cuatro palabras. Pero claro, la locura se apoderó de toda la explanada cuando sonó “Whatever” y finalmente “Don’t look back in anger” de la banda de los dos hermanos más odiados/amados del panorama musical.






La última vez que estuvo Ian Brown y los suyos en el Fib fue en el 1996 que compartieron cartel con unos jovencísimos Planetas. Se recuerda que su espectáculo no pudo ser más dantesco, de hecho al poco tiempo se separaron. Por tanto, Stone Rose tenían una cuenta pendiente con Benicassim. Y vaya si la saldaron. Llegaban con la fama de que sonaban mal en directo. Bobabas. Fue majestuoso. Uno de esos conciertos que algún día podrás contar que viste. Y es que si comienzas el espectáculo tocando “I wanna be adored” la cosa no puede ir mal. Los más de diez minutos que duró “Fools gold” fue una bomba que Ian soltó en medio de la abarrotadísima explanada del Escenario Maravills que hizo volar por los aires a más de uno. De todos modos no olvidemos que la banda solo tiene dos discos. Su repertorio se vio afectado en algún momento de la noche. Problema claramente solventado cuando los mancunianos desempolvaron hits como “Love Spreads”, “Made of Stone”, ese himno futbolero para el Manchester United llamado “This is the one” (lo cierto es que el sábado hubo un bonito derby “futbol-musical”), “She bangs the drum” y, finamente en medio de la apoteosis, la mesiánica “I am the resurrection”. Un broche de oro para una banda que ,por el bien de todos, ha resucitado.




Sobre Crystal Castles existen dos bandos: los acérrimos a la banda y los que la detestan. Los detractores afirman que Alice su cantante no tiene la voz suficiente. Por otro lado hay quien dice que su compañero Ethan se encarga de bajarle el volumen para dar más importancia a su punk electrónico. El caso es que nadie puede reprocharle nada a la inquieta Alice. Vive los conciertos como si no fuese ella la que esta cantando. De ahí que se baje todo el rato al foso a ¿cantar? con el público. Algo está asegurado. Si tienes ganas de jaleo y son las tres de la mañana pasate a verlos. No te defraudarán.

Fotos: FIB.